Finalmente llegaba el momento y no importaba ni el frío, ni la lluvia, porque dentro del Palacio de los Deportes, las estrellas brillaban con toda su luz.
Nunca había ido a verles por diversas circunstancias y por eso esta vez (y siempre que pueda) era tan intenso el presenciar dos conciertos. Dos noches emocionantes, que me alegraron enormemente, que las disfruté como un ángel, desde los aplausos al silencio.


