Estaba yo esta tarde frente a una multitud de productos cosméticos de fragancias, colores, olores, texturas y funcionalidades diferentes cuando me di cuenta de que no tenía ni idea de qué comprar. Los hombres pensaréis que esto es fácil, pero no… todo se parece demasiado, y puedes acabar comprando algo que ‘
no va con tu tono de piel’… ¡menudo problema!
Pero me he decidido por esa sombra de ojos color verde que desde hace tanto tiempo admiraba en silencio y que ahora está en casa conmigo. No soy una chica de gustos caros, sobre todo porque mi nómina (
aún) no me lo permite; pero de vez en cuando viene bien comprarte esos ‘pequeños detalles’
porque tú lo vales. Hoy fue uno de esos días.
Qué rollo esto del maquillaje, ¿no? Si has sobrevivido a los dos primeros párrafos es que quieres saber qué cosas he aprendido después de los 30, y ahí vamos…
Todo empezó cuando me dirigí hacia el desmaquillante y tuve que reconocer que desde hace meses no me compraba uno y estaba muy desactualizada. Nunca tuve problemas de piel y de hecho siempre me dicen que aparento menos edad de la que tengo
(lo cual me gusta creer, para qué negarlo), pero después de los 30 no puedes sobrevivir sin un buen desmaquillante. Y sí… esto lo he aprendido después de los 30. ¿Importa? No demasiado… lo verdaderamente importante es que: